
Hermanos:
El camino de seguimiento de Jesucristo es difícil y es exigente. Significa vencer el egoísmo y abrirse a un amor generoso; significa una continua lucha contra todo lo que hay de pecado en nosotros y saber llevar la cruz de la lucha de cada día. Para la Iglesia, para cada una de nuestras comunidades, significa un trabajo serio de anunciar el Evangelio, de ayudar a encarnarlo en cada realidad humana. No es suficiente que la mayoría siga casándose por la Iglesia, bautizando a los hijos, trayéndolos para que hagan la primera comunión... Todo esto está bien pero el Evangelio de Jesús es bastante más que todo esto.
Seguir a Jesucristo es más difícil y más exigente. Pero para seguir a Jesucristo nunca nos falta su ayuda, la fuerza prodigiosa de su Espíritu, el amor comprensivo y personal del Padre. Camino difícil, quizá imposible, si lo tuviéramos que realizar solos, con nuestras menguadas fuerzas.
Pero camino posible, casi diría que fácil, si tenemos fe y confiamos y sabemos pedir la ayuda del Señor.
Es lo que debemos hacer, con total confianza cada vez que nos reunimos para comulgar con el amor y la fuerza de Jesucristo.
Con mis bendiciones,
Padre Julio César